Growth Marketing en Chile — Estrategias de Crecimiento Digital
Growth marketing en Chile: experimentación, embudos y datos para hacer crecer tu negocio. Estrategias orientadas a resultados medibles. Pide tu diagnóstico.
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¿Qué es el Growth Marketing?
El Growth Marketing, también llamado Marketing de Crecimiento, combina técnicas como análitica de web, y estrategias de marketing digital, mejora de producto y metodologías ágiles para desarrollar sus experimentos. Si decides aplicarlo en tu negocio, ten en cuenta que parte del proceso se trata de fallar y rehacer.
¿Para qué sirve realizar un Growth Marketing y por qué aplicarlo?
El Growth Marketing te ayuda a entregar contenido en todas las etapas del embudo de conversión, a las personas apropiadas, en el momento indicado. Lo importante de esto, es que es esencial si quieres que tu negocio realmente crezca y que empieces a centrarte en estrategias que sí funcionan.
¿Cuáles son los beneficios del Growth Marketing?
En Agencia Progresa, agencia de marketing te asesoramos paso a paso:
- Mejorar el ROI al implementar estrategias que no requieran altos costos económicos.
- Ayudar al reconocimiento de marca.
- Escalar de manera acelerada y estable el negocio.
- Entender al consumidor para poder innovar.
Por ello es que el Growth Marketing se basa en métodos científicos, para conseguir resultados, es decir:
- Se plantean hipótesis.
- Se diseña y se aprueban las ideas con experimentos.
- se determina cuáles estrategias funcionan y cuáles no.
- Se aplica lo que permitió el crecimiento.
¿Cómo hacer una estrategia Growth Marketing?
En una estrategia de Growth Marketing es importante que el consumidor sea el centro, por lo cual, la estrategia debe ser efectiva para todos los puntos del embudo de conversión desde el reconocimiento hasta más allá de la retención.
En Agencia Progresa, agencia de marketing te asesoramos paso a paso, para que tu estrategia sea exitosa:
- Entiende el crecimiento de tu mercado.
- Determina metas de conversión.
- Escribe tu estrategia.
- Utiliza herramientas digitales.
¿Qué hace un Growth Manager: especialista en Growth Marketing?
Para que un negocio crezca, el Growth Manager necesita basar sus decisiones en datos, centrarse en cada fase de compra y buscar alternativas creativas para ahorrar tiempo y dinero.
En Agencia Progresa te asesoramos, agencia de marketing para lograr esto debes realizar estas 5 acciones:
- El uso de herramientas de analítica web como Google Analytics.
- El conocimiento en programación básica.
- El conocimiento en técnicas de Copywriting para persuadir.
- El uso de herramientas SEO, para optimizar los contenidos.
- El conocimiento de estrategias de marketing digital.

Qué es el growth marketing y en qué se diferencia
El marketing tradicional trabaja la parte de arriba: que te conozcan y que lleguen. El growth marketing trabaja el recorrido completo —que lleguen, que prueben, que compren, que vuelvan y que te recomienden— y lo trabaja con experimentos medidos en vez de con campañas sueltas.
La diferencia práctica es dónde se busca el crecimiento. Si de cada cien personas que llegan a tu sitio compran dos, hay dos caminos: traer el doble de gente, que cuesta el doble, o conseguir que compren cuatro, que cuesta trabajo pero no presupuesto de medios. El segundo camino es el que casi nadie recorre, y es donde está el crecimiento más barato que tiene un negocio.
Cómo se trabaja
Se mide el recorrido completo para encontrar dónde se cae la gente. No es una metáfora: es ver cuántos llegan, cuántos miran el precio, cuántos empiezan el formulario y cuántos lo terminan. El punto donde se cae más gente es donde se trabaja, y casi nunca es el que uno habría adivinado.
Después se prueban cambios de uno en uno, con la medición puesta antes de empezar. Un cambio sin medición no es un experimento: es una opinión. Y los experimentos se documentan, incluso los que fallan, porque saber qué no funciona en tu negocio también es información que no tenías.
Las cinco etapas, y cuál suele estar rota
El recorrido de un cliente tiene cinco etapas. La mayoría de las empresas invierte todo en la primera y no mide ninguna de las otras cuatro.
1. Que lleguen
Posicionamiento, publicidad, redes, recomendaciones. Es la única etapa que casi todos trabajan, y la más cara de todas.
2. Que la primera vez valga
Qué pasa en los primeros treinta segundos. Si el sitio tarda, si no se entiende qué vendes o si el teléfono no está a la vista, la inversión de la etapa anterior se va por el desagüe. Arreglar esto no cuesta medios y suele duplicar lo que ya tienes.
3. Que compren
El formulario, el carrito, la cotización, el tiempo de respuesta. Aquí hay un detalle que vale más que cualquier campaña: responder rápido. Una consulta contestada el mismo día tiene bastante más probabilidad de cerrar que la misma consulta contestada dos días después, y eso no requiere presupuesto, requiere proceso.
4. Que vuelvan
La etapa más rentable y la más abandonada. Venderle otra vez a quien ya te compró cuesta una fracción de conseguir un cliente nuevo. Correo, seguimiento, una razón para volver. Si no tienes nada armado aquí, es casi seguro el primer lugar donde conviene trabajar.
5. Que te recomienden
Reseñas, referidos, boca a boca. Y en servicios locales, las reseñas de Google no son solo prueba social: pesan en si apareces o no cuando alguien busca cerca. Pedirlas sistemáticamente a clientes reales es gratis y es de las cosas que más rinden.
Por dónde empezar depende de dónde se esté cayendo tu gente, y eso se mide antes de proponer nada. Si resulta que lo tuyo se arregla ordenando la ficha de Google y el tiempo de respuesta, lo vamos a decir, aunque sea un proyecto más chico.
Lo que nos preguntan sobre growth marketing
¿Qué es el growth marketing?
Trabajar el recorrido completo del cliente —que llegue, que la primera visita valga, que compre, que vuelva y que te recomiende— con experimentos medidos, en vez de campañas sueltas. La diferencia con el marketing tradicional es que no busca el crecimiento solo trayendo más gente, sino también mejorando lo que pasa con la que ya llega, que es bastante más barato.
¿En qué se diferencia del marketing digital normal?
El marketing digital suele medirse en visitas y alcance. El growth se mide en lo que pasa después: cuántos de los que llegaron compraron, cuántos volvieron, cuánto deja cada cliente en el tiempo. Si de cada cien visitantes compran dos, traer el doble de gente cuesta el doble; conseguir que compren cuatro cuesta trabajo pero no presupuesto de medios.
¿Sirve para una pyme o solo para empresas grandes?
Sirve especialmente para una pyme, porque es el camino que no depende de tener presupuesto de medios. Las dos cosas que más rinden —responder rápido las consultas y tener algo armado para quien ya te compró— no cuestan inversión publicitaria, cuestan proceso. Lo que hace falta es medir, y eso se instala.
¿Cuánto tarda en verse el resultado?
Los arreglos del recorrido —tiempo de respuesta, el sitio en el teléfono, el formulario— se notan en semanas, porque trabajan sobre el tráfico que ya tienes. Lo que depende de traer gente nueva por posicionamiento tarda meses. Por eso se empieza por lo primero: da resultado antes y hace que lo segundo rinda más cuando llegue.
¿Qué hace falta para empezar?
Tener la medición instalada y confiable, que es lo que casi nunca está: saber cuántos llegan, de dónde, cuántos consultan y cuántos compran. Si eso no existe, el primer trabajo es instalarlo, porque sin datos los experimentos son opiniones. El diagnóstico inicial no tiene costo.
¿Cómo se mide si el growth marketing está funcionando?
Por el embudo completo, no por visitas: cuántos llegan, cuántos consultan, cuántos compran, cuántos vuelven y cuánto deja cada cliente en el tiempo. Esa última cifra es la que cambia las decisiones, porque dice cuánto puedes permitirte invertir en conseguir un cliente nuevo. Seguidores, impresiones y me gusta no entran: se ven bien en una presentación y no dicen nada del negocio.
¿Qué pasa si un experimento falla?
Se documenta igual, y eso es parte del valor. Saber qué no funciona en tu negocio concreto es información que no tenías y que evita repetirlo. Lo que no sirve es cambiar cinco cosas a la vez sin medir: ahí, funcione o falle, no se aprende nada porque no se sabe cuál fue la causa.
¿Necesito tener mucho tráfico para que sirva?
No para los arreglos del recorrido —tiempo de respuesta, el sitio en el teléfono, el seguimiento de quien consultó— que rinden con el tráfico que ya tengas. Sí hace falta volumen para los experimentos que comparan dos versiones: con pocas visitas, la diferencia que se ve es azar. En ese caso se empieza por los arreglos y los experimentos vienen después.
¿Se puede trabajar growth y publicidad a la vez?
Es lo que conviene, y en ese orden: primero que el recorrido convierta, después subir la inversión. Al revés se paga por traer gente a un embudo que pierde, y el presupuesto se va en visitas que no dejan nada. Arreglar primero hace que cada peso de pauta rinda más cuando llegue.
¿Esto reemplaza al SEO y a la publicidad?
No: los ordena. El posicionamiento y la pauta son las fuentes que traen gente; el growth se ocupa de que esa gente no se caiga en el camino y de que vuelva. Trabajar growth sin ninguna fuente de tráfico es optimizar un embudo vacío, y traer tráfico a un embudo que pierde es pagar por nada.
¿Quién hace los cambios que salen del diagnóstico?
Los que son de sitio, medición o automatización los hacemos nosotros. Los que son de proceso interno —quién responde, en cuánto tiempo, qué se le dice a quien pide precio— los tienes que hacer tú, porque ocurren dentro de tu empresa. Lo decimos de entrada: suelen ser los de mayor impacto y los que no se pueden delegar.
Las cifras que importan y las que distraen
Hay métricas que se ven bien en una presentación y no dicen nada del negocio. Separarlas es la primera cosa que hace falta para trabajar en serio.
Las que distraen
Seguidores — la más fácil de inflar y la que menos correlaciona con ventas. Visitas totales — sin saber de dónde vienen y qué hicieron, es un número sin uso. Impresiones — que te vean no es que te elijan. Me gusta — agradable, irrelevante para facturar.
Las que importan
Consultas recibidas, separadas por canal, para saber qué está trayendo gente de verdad. Tasa de conversión: de cada cien que llegan, cuántos consultan. Es la cifra que permite crecer sin gastar más. Costo por consulta en cada canal, para repartir el presupuesto con criterio. Tiempo de respuesta, que decide cuántas de esas consultas cierran. Y cuánto deja un cliente en el tiempo, que es lo que dice cuánto puedes permitirte invertir en conseguir uno nuevo.
Esa última es la que cambia las decisiones. Si un cliente deja una compra y no vuelve, el margen de inversión es estrecho. Si vuelve cada tres meses durante años, puedes pagar bastante más por conseguirlo que tu competencia, y eso es una ventaja que no se copia fácil.
Los primeros noventa días
No se empieza proponiendo tácticas. Se empieza averiguando dónde se está cayendo tu gente, porque es lo único que dice en qué conviene trabajar.
Semanas 1 a 3: medir lo que hay
Instalar y comprobar la medición: de dónde llega la gente, qué hace, cuántos consultan y cuántos compran. En la mayoría de los negocios esto no existe o está mal puesto, así que hasta aquí no hay nada que optimizar, solo opiniones. Al final de esta etapa tienes por primera vez el embudo completo en números.
Semanas 4 a 6: arreglar lo que ya tienes
Con el embudo a la vista, el punto de mayor caída suele ser una sorpresa, y suele ser barato. Tiempo de respuesta a las consultas, el sitio en el teléfono, un formulario que pide demasiado, el precio que no aparece hasta el final. Estos arreglos trabajan sobre el tráfico que ya pagaste, así que se notan en semanas y no requieren medios.
Semanas 7 a 12: experimentos y lo que falta construir
Cambios de uno en uno, con medición antes y después, y documentados: los que fallan también enseñan. En paralelo se arma lo que no existía —seguimiento de quien consultó y no compró, algo para quien ya es cliente, un proceso para pedir reseñas— porque es la parte que más rinde y la que casi nadie tiene.
A los noventa días deberías tener tres cosas que antes no tenías: el embudo medido, dos o tres arreglos ya rindiendo, y una lista de experimentos ordenados por lo que prometen frente a lo que cuestan. Eso es el activo; las tácticas concretas salen de ahí.
Qué hace falta para el diagnóstico
El primer trabajo es ver el embudo completo en números, y para eso se necesita acceso a lo que ya existe. Casi nunca está todo, y esa ausencia es parte del diagnóstico.
- Analytics y Search Console, si están instalados. Si no, se instalan, y el reloj del diagnóstico empieza ahí.
- Las cuentas de pauta, para ver qué se invirtió y qué trajo.
- Cómo llegan hoy las consultas y dónde quedan: correo, WhatsApp, un cuaderno, un CRM. Si no hay registro, el primer arreglo es tenerlo, porque sin eso no se puede saber cuántas se pierden.
- Cuánto deja un cliente, aunque sea aproximado, y si vuelve a comprar. Es la cifra que define cuánto puedes invertir en conseguir uno nuevo.
- Cuánto tardas en responder hoy. Casi nadie lo sabe, y suele ser el punto de mayor pérdida de todo el recorrido.
Con eso se arma el embudo y se ve dónde se cae la gente. Lo habitual es que el punto de mayor pérdida no sea el que se esperaba, y que arreglarlo no requiera presupuesto de medios sino cambiar un proceso.
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